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El desierto cambiará

Los que conocen los desiertos saben de qué manera prodigiosa un desierto puede cambiar de aspecto después de una lluvia. A primera vista no hay nada que pueda crecer en el suelo árido y ardiente, pero en algunos días la vegetación surge, luego las flores se abren y la vida animal reaparece. Pero rápidamente el desierto vuelve a su estado inicial.

Hay muchas personas que sienten que su corazón y su vida están tan secos como un desierto. Después de las noches frías llegan los días ardientes y nada parece poder interrumpir ese ciclo de esperanzas frustradas y sufrimientos escondidos. Pero ¿cómo terminar ese ciclo en nuestra vida? Hace varios milenios el profeta Isaías dijo que Dios podía hacer florecer el desierto de forma permanente. Su declaración es una promesa maravillosa para todos, en todo lugar y en todo tiempo. Los corazones vacíos, esos desiertos en los que Dios está ausente, pueden convertirse en tierras fértiles. Desea derramar lluvias de bendición en los terrenos más secos y cambiar la existencia más árida en una abundancia de colores y aromas. ¡Donde todo parecía muerto, donde faltaba el agua, y haya vida donde no la había!

Si sientes que tu corazón está vacío, si vives lejos de Dios, si no conoces a Jesús, tu vida es un desierto. Pero si eliges acercarte a Aquel que te ama, si aceptas el sacrificio de Jesús en tu favor, si abres tu corazón a Su Presencia, tu desierto florecerá. ¡Estará saciado, no solo por un momento, sino durante toda su vida y por la eternidad!

El Señor los volverá a consolar y tendrá piedad de sus ruinas. Su desierto florecerá como el Edén, sus lugares desolados como el huerto del Señor. Allí se encontrarán gozo y alegría; los cantos de gratitud llenarán el aire. Isaías 51:3