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La culpa es del corazón

Un periodista describía un asesinato horrible y concluyó así su artículo: «¿Hasta dónde tendrá que llegar la decadencia en lo inhumano para que al fin tomemos conciencia que es tiempo de ser lúcido sobre la realidad de nuestra sociedad, sobre la realidad de nuestra ceguera?».

Y si reconocemos esta decadencia, ¿en dónde tiene su origen? Pues, nuestro corazón es el culpable; Jesús dijo: “Del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias”. Es cierto que hay mucha buena voluntad y esfuerzos dignos de reconocer que tratan de frenar el desarrollo del mal y sus consecuencias. Nos alegra ver que estas actitudes existen, pero no pensemos que hay posibilidad alguna para mejorar el estado natural del corazón humano. “Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso” dice en Jeremías 17:9, y no es agradable oír esta afirmación, pero cada uno de nosotros debe admitirla para su propio corazón.

¿Entonces no hay solución? ¡Sí! Dios, el Dios de amor, no deja a los hombres sin remedio. No nos propone esperar una mejoría de la humanidad en general, pero ofrece a cada uno un corazón nuevo: “les daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne” Ezequiel 36:26.